Emilio el moro
Emilio el moro
Emilio el moro

emilio "el moro" con la gran orquesta filarmónica risa

 

LP 33 rpm

Discophon SC 2143

D.L.: B-12.005/1972

 

Reediciones

 

Discophon DC-9074 (cassette, 1972)

 

Discophon 3058 (cassette, 1981)

 

Dial 549271 (LP, 1984)

 

 

 

Parodia del tema "A la lima y al limón" de Concha Piquer

A la lima y al limón

La vecinita de enfrente no, no,

 

no tiene los ojos grandes.

 

Ni tiene el talle de espiga, no, no,

 

ni son su labios de sangre.

 

 

 

Nadie se acerca a su reja,

 

nadie llama en sus cristales.

 

Que sólo el viento de noche

 

es quien le ronda la calle.

 

 

 

Y los niños cantan

 

a la rueda, rueda.

 

Esta triste copla

 

que el viento le lleva.

 

 

 

A la Lima y al Limón,

 

tu no tienes quien te quiera.

 

A la Lima y al Limón,

 

te vas a quedar soltera.

 

 

 

Que penita y que dolor.

 

Que penita y que dolor,

 

la vecinita de enfrente

 

soltera se quedó.

 

Solterita se quedó.

 

A la Lima y al Limón.

 

 

 

La vecinita de enfrente no, no,

 

nunca pierde la esperanza.

 

Y espera de noche y día, si, si,

 

aquel amor que no pasa.

 

 

 

Se han casado sus amigas,

 

se han casado sus hermanas.

 

Y ella compuesta y sin novio

 

se ha quedado en la ventana.

 

 

 

Y los niños cantan

 

a la rueda, rueda.

 

El mismo estribillo

 

que el viento le lleva.

 

 

 

A la Lima y al Limón,

 

tu no tienes quien te quiera.

 

A la Lima y al Limón,

 

te vas a quedar soltera.

 

 

 

Que penita y que dolor.

 

Que penita y que dolor,

 

la vecinita de enfrente

 

soltera se quedó.

 

Solterita se quedó.

 

A la Lima y al Limón.

 

 

 

La vecinita de enfrente si, si,

 

a los treinta se ha casado,

 

con un señor de cincuenta, si, si,

 

que dicen que es magistrado.

 

 

 

Lo luce por los paseos,

 

lo luce por los teatros.

 

Y va siempre por la calle

 

cogidita de su brazo.

 

 

 

Y con ironía siempre tararea,

 

el mismo estribillo de la rueda, rueda.

 

"A la Lima y al Limón,

 

que ya tengo quien me quiera.

 

 

 

A la Lima y al Limón,

 

que no me quedé soltera.

 

Ya mi pena se acabó.

 

Ya mi pena se acabó,

 

que un hombre llamó a mi puerta

 

y le dí mi corazón,

 

y conmigo se casó.

 

A la Lima y al Limón".

 

La vecinita de enfrente, no, no,

 

no tiene los ojos grandes,

 

pero tiene dos verrugas, sí, sí,

 

que parecen dos tomates.

 

 

 

Nunca ha pintado su reja,

 

nunca lavó los cristales,

 

y la cabeza la tiene

 

lo mismo que un melón grande.

 

 

 

Y los hombres cantan

 

a la rueda, rueda,

 

ya viene la tonta,

 

sálvese quien pueda.

 

 

 

A la Lima y al Limón,

 

cómo quieres que te quieran

 

si eres una coliflor

 

y además nunca te peinas.

 

 

 

Ay qué miedo y qué terror,

 

ay qué miedo y qué terror,

 

la vecinita de enfrente

 

es más fea que un dolor,

 

y soltera se quedó.

 

A la Lima y al Limón.

 

 

 

La vecinita de enfrente, no, no,

 

nunca pierde la esperanza,

 

y espera de noche y día, sí, sí,

 

si hay algún tonto que caiga.

 

 

 

Se han casado sus amigas,

 

se han casado treinta novias,

 

y ella sigue burra y ciega

 

como el penco de una noria.

 

 

 

Y otros hombres cantan

 

a la rueda, rueda,

 

como no la pelen

 

cualquiera la peina.

 

 

 

So cabeza de melón,

 

cómo quieres que te quieran,

 

no te asomes al balcón

 

porque hay gente forastera.

 

 

 

Qué vergüenza y qué dolor,

 

qué vergüenza y qué dolor,

 

la vecinita de enfrente

 

en su puerta se sentó

 

y la gente se asustó.

 

A la Lima y al Limón.

 

 

 

La vecinita de enfrente, sí, sí,

 

a los treinta se ha casado

 

con un señor de noventa, sí, sí,

 

que está to' desparramado.

 

 

 

Lo luce por los paseos,

 

lo luce por los teatros.

 

Y va siempre por la calle

 

paseándolo en un carro.

 

 

 

Y con ironía siempre tararea

 

el viejo estribillo dándole a la rueda.

 

"Yo no me peino el melón,

 

pero tengo quien me quiera.

 

 

 

A ver si revientan tos,

 

que no me quedé soltera.

 

Ya mi pena se acabó,

 

ya mi pena se acabó,

 

que aunque yo sea burra y ciega,

 

éste ve menos que yo,

 

y al baldao lo heredo yo.

 

A la Lima y al Limón".

 

Parodia del tema "No te mires en el río" de Concha Piquer

No te mires en el rio

En Sevilla había una casa,

 

y en la casa una ventana,

 

y en la ventana una niña

 

que las rosas envidiaban.

 

Por la noche, con la luna,

 

en el río se miraba.

 

 

 

¡Ay corazón, que bonita es mi novia!

 

¡Ay corazón, asomá a la ventana!

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

no te mires en el río

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

que me hases padesé,

 

porque tengo, niña, celos de él.

 

 

 

Quiéreme tú.

 

¡Ay! quiéreme tú bien mío.

 

Quiéreme tú,

 

niña de mi corazón.

 

Matarile, rile, rile...rón.

 

 

 

De la Feria de Sevilla

 

él le trajo una alianza,

 

gargantilla de corales

 

y unos zarcillos de plata.

 

Y parecía una reina

 

asomada a su ventana.

 

 

 

¡Ay corazón, le decía su novio!

 

¡Ay corazón, al mirarla tan guapa!

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

no te mires en el río

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

que me haces padezé,

 

porque tengo, niña, celos de él.

 

 

 

Quiéreme tú.

 

¡Ay! quiéreme tú bien mío.

 

Quiéreme tú,

 

niña de mi corazón.

 

Matarile, rile, rile...rón.

 

 

 

Una noche de verano

 

cuando la luna asomaba,

 

vino a buscarla su novio

 

y no estaba en la ventana.

 

Él la vio muerta en el río

 

y que el agua la llevaba.

 

 

 

¡Ay corazón, parecía una rosa!

 

¡Ay corazón, una rosa mu blanca!

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

cómo se la lleva el río

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

lástima de mi queré,

 

con razón tenía celos de él.

 

¡Ay, que doló, que dolor del amor mío

 

¡Ay, que doló, mare de mi corazón!

 

Matarile, rile, rile...rón.

 

En Sevilla hay una casa

 

que hasta tiene su ventana,

 

y en la ventana una niña

 

con la cara de una rana.

 

Por la noche, con la luna

 

los ranos se alborotaban.

 

 

 

¡Ay, corazón, cuando he visto a la niña!,

 

¡Ay, corazón, escondía en la persiana!.

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

no te acerques a los charcos,

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

no te pongas a cantar,

 

que ya están los ranos croa, croa, croa.

 

 

 

No cantes tú,

 

¡Ay! no cantes tú, amor mío,

 

no cantes tú,

 

mira que te voy a dar.

 

Matarile, rile, rile...rá.

 

 

 

De la feria de una aldea

 

le he comprado un par de gafas,

 

de los cristales muy negros,

 

pa la boca una mordaza.

 

Y parecía un ratero

 

asomada a su ventana.

 

 

 

¡Ay, corazón, ya le dije a mi novia!,

 

¡Ay, qué plantón voy a darte mañana!.

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

tengo que tirarte al río,

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

ya no te puedo aguantar,

 

te lo juro, niña, por Alá.

 

 

 

Si quieres tú,

 

no tenemos que ir al río.

 

Si quieres tú,

 

te tiro por el balcón.

 

Matarile, rile, rile...ró.

 

 

 

Una noche de verano,

 

cuando la luna asomaba,

 

le vi la cara de rano,

 

la saqué por la ventana.

 

Y empezó a pegar chillíos

 

porque el río la llevaba.

 

 

 

¡Ay, que ilusión, cuando vi que mi novia!

 

¡Ay, corazón, medio río se tragaba!.

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

que ya se la lleva el río,

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

 

qué agustito me quedé.

 

Con razón los peces salían de él.

 

¡Ay, qué ocasión, se sintió decí en el río!,

 

¡Y poco después, se la tragó un tiburón!.

 

Y este cuento, niña, se acabó.

 

Parodia del tema "Romance de la otra" de Concha Piquer

Romance de la otra

Por qué se viste de negro,

 

¡Ay, de negro!

 

si no se le ha muerto nadie.

 

 

 

Por qué está siempre encerrada,

 

¡Ay, Por qué!

 

como la que está en la cárcel.

 

 

 

Por qué no tiene familia,

 

ni perrito que le ladre,

 

ni flores que le diviertan,

 

ni risa que le he acompañe.

 

 

 

Del por qué de este porqué

 

la gente quiere enterarse,

 

cuatros suspiros responden

 

y no los entiende nadie

 

y no los entiende nadie.

 

 

 

Yo soy la otra, la otra

 

y a nada tengo derecho,

 

por que no llevo un anillo,

 

con una fecha por dentro.

 

 

 

No tengo ley que me abone,

 

ni puerta donde llamar,

 

y me alimento a escondías

 

con tus besos y tu pan.

 

 

 

Con tal que vivas tranquilo,

 

que importa que yo me muera,

 

te quiero siendo la otra

 

como la que mas te quiera.

 

 

 

Por qué no fueron tus labios,

 

¡Ay tus labios!

 

que fueron las malas lenguas.

 

 

 

Las que una noche vinieron,

 

¡Ay por qué!

 

a leerme la sentencia.

 

 

 

El nombre que te ofrecía

 

ya no es tuyo compañera,

 

de azahares y velo blanco

 

se viste la que lo lleva.

 

 

 

Como fue tu voluntad,

 

mi boca no te dio queja,

 

cumple con lo que has firmao

 

que yo no valgo la pena,

 

que yo no valgo la pena.

 

 

 

Yo soy la otra, la otra

 

y a nada tengo derecho,

 

por que no llevo un anillo,

 

con una fecha por dentro.

 

 

 

No tengo ley que me abone,

 

ni puerta donde llamar,

 

y me alimento a escondías

 

con tus besos y tu pan.

 

 

 

Con tal que vivas tranquilo,

 

que importa que yo me muera,

 

te quiero siendo la otra

 

como la que mas te quiera.

 

Ya me he vestido de negro,

 

¡Ay, de negro!

 

porque tendré que matarte.

 

 

 

Por qué me han puesto encerrao,

 

¡Ay, Por qué!

 

si encima había que premiarme.

 

 

 

Cargué con toa tu familia,

 

con la fiera de tu madre,

 

me han dejao sin dos pesetas

 

y sin ropa pa mudarme.

 

 

 

Del por qué de este porqué

 

la gente quiere enterarse,

 

cuatro guardias me llevaron

 

y ahora descanso en la cárcel.

 

Y ahora descanso en la cárcel.

 

 

 

Tú eres la otra, la otra

 

y a nada tienes derecho,

 

porque te llega la mugre

 

desde los pies hasta el pescuezo.

 

 

 

Nunca compraste jabones

 

ni aprendiste a guisar,

 

y me alimentas to el día

 

con dos papas aliñás.

 

 

 

Con tal de vivir tranquilo

 

qué importa que tú te mueras,

 

prefiero buscarme a otra

 

sin bigote y sin paperas.

 

 

 

Por qué te partí los labios,

 

¡Ay los labios!

 

y no te corté la lengua.

 

 

 

Por qué una noche dijiste,

 

¡Ay por qué!

 

que yo era de la otra acera.

 

 

 

El jornal que te ofrecía

 

ya no es tuyo, compañera,

 

que ahora se lo doy a otra

 

que se lava las orejas.

 

 

 

Como fue tu voluntad,

 

no me vengas con más quejas,

 

porque te dejo metía

 

la cabeza entre las rejas,

 

la cabeza, ay, entre las rejas.

 

 

 

Tú eres la otra, la otra

 

y a nada tienes derecho,

 

no quieras cargarme ahora

 

lo que pasó en el barbecho.

 

 

 

No me des pares y nones

 

ni me vengas a buscar,

 

y líjate los talones

 

que ya no puedes ni andar.

 

 

 

Yo vivo ya más tranquilo,

 

qué importa que tú te mueras,

 

si vieras cómo la otra

 

me alimenta con paella.

 

Parodia del tema "Quiero abrazarte tanto" de Victor Manuel

Quiero abrazarte tanto

Siento tu mano fría

 

correr despacio sobre mi piel,

 

y tu pecho en mi pecho y tu desnudez,

 

ya olvido reproches que imaginé.

 

 

 

Vente conmigo al huerto

 

que están las rosas queriendo ver

 

la promesa que has roto para volver

 

y así creer lo que les conté.

 

 

 

Dije que te quería

 

como a nada en el mundo.

 

que seguiría tus pasos, tu caminar,

 

como un lobo en celo desde mi hogar

 

con la puerta abierta

 

de par en par, de par en par.

 

 

 

Que tenía en penumbra

 

nuestro rincón en aquel salón,

 

con dos cubiertos y tu canción

 

y con tus flores en el jarrón.

 

 

 

Siento tu mano tibia

 

que palmo a palmo besa mi piel

 

y tus brazos me enredan hoy como ayer;

 

en este nuevo día, vuelvo a creer.

 

 

 

Vente conmigo al puerto

 

que hay una barca en el malecón

 

con tu nombre pintado secando al sol,

 

con tu mano grabada junto al timón.

 

 

 

Dije que te quería

 

como a nada en el mundo.

 

que seguiría tus pasos, tu caminar,

 

como un lobo en celo desde mi hogar

 

con la puerta abierta

 

de par en par, de par en par.

 

 

 

Que tenía en penumbra

 

nuestro rincón en aquel salón,

 

con dos cubiertos y tu canción

 

y con tus flores en el jarrón.

 

 

 

Quiero abrazarte tanto

 

con mis sentidos, con tanto amor

 

que no haya más sonido

 

que nuestra voz

 

mi cuerpo en el tuyo

 

a continuación.

 

 

 

Y yo andaré la tierra

 

como un romero buscando a un Dios

 

y tendré tu regazo, tu comprensión

 

y una casa pequeña para los dos.

 

 

 

Tu sabes que te quiero

 

como a nada en el mundo.

 

que seguiría tus pasos,

 

tu caminar,

 

como un lobo en celo desde mi hogar

 

con la puerta abierta

 

de par en par, de par en par.

 

 

 

Que tenía en penumbra

 

nuestro rincón en aquel salón,

 

con dos cubiertos y tu canción

 

y con tus flores en el jarrón.

 

Siento tu mano fría

 

corre que corre sobre mi piel

 

y di un salto que al techo casi llegué,

 

y antes de tocarme, caliéntate.

 

 

 

Vente conmigo al huerto

 

que están los nabos por recoger,

 

y al ver la tomatera que ayer planté,

 

y así creerás lo que te conté.

 

 

 

Dije que te quería

 

como a nada en el mundo,

 

y nos sigue tu madre sin descansar,

 

que es una loba en celo, siempre detrás,

 

y con los ojos abiertos

 

de par en par, de par en par.

 

 

 

Se esconde en la penumbra

 

de aquel rincón, en aquel salón,

 

con las ideas de un tiburón,

 

y piensa darme con el jarrón.

 

 

 

Siento tu mano tibia

 

que palo a palo rompe mi piel

 

y sus brazos se enredan hoy como ayer;

 

si no se va tu madre, yo no entraré.

 

 

 

Yo no te llevo al puerto

 

que está tu padre como un león,

 

con una estaca al hombro tomando al sol

 

y tengo mucho miedo del malecón.

 

 

 

Sabes que te quería

 

como a nada en el mundo...

 

Que seguiría tus pasos, tu caminar,

 

si me ve tu padre, me dejará

 

con la ceja abierta

 

de par en par, de par en par.

 

 

 

Vámonos pa la sombra

 

de aquel rincón, que allí es mejor,

 

con dos besitos y un apretón,

 

verás qué bien quedamos los dos.

 

 

 

Pero no aprietes tanto,

 

porque con darme tanto achuchón

 

me has saltao los tirantes

 

y hasta un botón,

 

me has dejao medio tuerto

 

con tanto amor.

 

 

 

Yo escarbaré en la tierra

 

como un labriego sembrando arroz,

 

y tendrás tu gazpacho y tu buen melón

 

y una casa con ratas y algún ratón.

 

 

 

Sabes que te quiero

 

como a nada en el mundo,

 

que en cuanto tú quisieras

 

me iba a casar,

 

pero que tu madre no podrá entrar

 

ni con la puerta abierta

 

de par en par, de par en par.

 

 

 

Que se bebe to el tinto

 

de aquel porrón que hay en el salón,

 

con dos cubiertos y un hambre atroz

 

y hasta sin pan se lo come to.

 

Parodia del tema "Tatuaje" de Concha Piquer

Tatuaje

Él vino en un barco de nombre extranjero

 

lo encontré en el puerto un anochecer,

 

cuando el blanco faro sobre los veleros

 

su beso de plata dejaba caer.

 

 

 

Era hermoso y rubio como la cerveza,

 

el pecho tatuado con un corazón,

 

en su voz amarga, había la tristeza

 

doliente y cansada del acordeón.

 

 

 

Y ante dos copas de aguardiente

 

sobre el manchado mostrador,

 

él fue contándome entre dientes

 

la vieja historia de su amor.

 

 

 

Mira mi brazo tatuado

 

con este nombre de mujer,

 

es el recuerdo de un pasado

 

que nunca más ha de volver.

 

 

 

Ella me quiso y me ha olvidado,

 

en cambio yo, no la olvidé

 

y para siempre voy marcado

 

con este nombre de mujer.

 

 

 

Él se fue una tarde, con rumbo ignorado,

 

en el mismo barco que lo trajo a mi

 

pero entre sus labios, se dejó olvidado,

 

un beso de amante, que yo le pedí.

 

 

 

Errante lo busco por todos los puertos,

 

a los marineros pregunto por él,

 

y nadie me dice, si esta vivo o muerto

 

y sigo en su duda

 

buscándolo fiel.

 

 

 

Y voy sangrando lentamente

 

de mostrador en mostrador,

 

ante una copa de aguardiente

 

donde se ahoga mi dolor.

 

 

 

Mira tu nombre tatuado

 

en la caricia de mi piel,

 

a fuego lento lo he marcado

 

y para siempre iré con él.

 

 

 

Quizá ya tú, me has olvidado

 

en cambio yo, no té olvidé,

 

y hasta que no te haya encontrado

 

sin descansar te buscaré.

 

 

 

Escúchame marinero, y dime,

 

¿que sabes de el?

 

Era gallardo y altanero

 

y era más rubio que la miel.

 

 

 

Mira su nombre de extranjero

 

escrito aquí sobre mi piel.

 

Si te lo encuentras, marinero,

 

dile que yo muero por el.

 

 

 

 

Se la trajo un barco de unos balleneros.

 

La encontré en el puerto y un amanecer,

 

cuando junto al faro sobre un cubo viejo,

 

sus cuarenta arrobas dejaba caer.

 

 

 

Era grande y rubia como una mazorca,

 

su pecho de vaca como un camión,

 

y en su boca larga, tenía dos bigotes,

 

lo mismo que un guardia de circulación.

 

 

 

Y ante dos litros de aguardiente

 

se me plantó en el mostrador,

 

y fue bebiendo lentamente

 

hasta acabar con el bidón.

 

 

 

Mira mi brazo tatuado

 

con los recuerdos de un café.

 

Esto que ves junto al sobaco

 

es el retrato de mi Andrés.

 

 

 

El tío granuja me pegaba

 

con la correa de un tirapiés,

 

y para siempre voy marcada

 

desde el tobillo hasta el tupé.

 

 

 

Se piró una tarde, con rumbo ignorado,

 

en un mercancías que llegó hasta aquí,

 

pero entre sus dedos, se llevó enredado

 

mi reloj de oro, porque no le vi.

 

 

 

Y loco la busco por todos los puertos,

 

a los marineros le explico quién es,

 

y algunos me dicen, que me vaya al polo,

 

porque allí hay ballenas

 

pá parar un tren.

 

 

 

Y voy andando entre la gente

 

sin mi cadena y mi reloj,

 

y menos mal que no vio un diente

 

que con un puente tengo yo.

 

 

 

Tengo un zapato tatuado

 

sobre los dedos de mi pie.

 

La muy ballena me ha pisado,

 

y calza un ciento veintitrés.

 

 

 

Quizá la gorda me ha olvidado,

 

en cambio yo no la olvidé,

 

y hasta que no la haya encontrado

 

nunca sabré la hora que es.

 

 

 

Escúchame marinero, y dime,

 

¿no la has vuelto a ver?

 

Tenía la cara de un pandero

 

y andaba como un chimpancé.

 

 

 

Mira el tacón de su zapato

 

clavado aquí sobre mis pies.

 

Si te la encuentras, marinero,

 

no pares nunca de correr.